El agua que México desecha: la tecnología existe, pero no hace magia

Todos los días, el agua entra en viviendas, hospitales, oficinas e industrias. Después de utilizarla, desaparece por una coladera y también de nuestra consideración. El drenaje produce una ilusión: lo que dejamos de ver parece haber dejado de existir. Pero el agua sigue ahí.
En 2023, alrededor de 24,918 millones de metros cúbicos de aguas residuales regresaron al ambiente sin tratamiento en México. Un año antes, sólo 2,258 de las 3,440 plantas municipales operaban, según el INEGI.
El agua que México desecha revela una paradoja: la tecnología y la infraestructura existen, pero no hacen magia. Para Jorge Fernández, director general de Acqua Prima en México, una planta no comienza con un equipo, sino con un diagnóstico. Tampoco termina al concluir la obra: requiere energía, mantenimiento, supervisión y una operación capaz de responder al agua que recibe.
“El tratamiento de agua es un sistema vivo”, explica. Si la carga orgánica, el oxígeno, el tiempo y la población bacteriana no guardan una relación adecuada, ninguna promesa comercial puede sustituir los límites físicos del proceso.
El reúso exige conducir el agua tratada hacia sanitarios, áreas verdes, torres de enfriamiento u otros usos que no necesitan agua potable. Sin distribución, demanda y financiamiento, el recurso puede estar disponible y seguir siendo inutilizable.
“No somos vendedores de plantas; vendemos soluciones”, resume Fernández. La diferencia consiste en responder por el funcionamiento del ciclo completo.
El agua que México desecha: la tecnología existe, pero no hace magia. Quizá por eso la belleza está al final: en el agua tratada que vuelve a tener utilidad. Antes de buscar nuevas fuentes, México necesita preguntarse cuánta del agua que consume puede recuperar y mantener dentro de su ciclo de uso.
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