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Tecnología, poder y valor en la nueva economía

Perspectivas Uno a Uno - Tecnología, poder y valor en la nueva economía

La tecnología suele presentarse como una fuerza neutral, casi inevitable, que impulsa el progreso de manera uniforme. Sin embargo, en la práctica económica contemporánea, esta idea resulta insuficiente. La tecnología no distribuye valor de forma equitativa: lo reorganiza. En ese proceso, redefine quién decide, quién participa y bajo qué condiciones se genera legitimidad.


Hablar de tecnología, poder y valor en la nueva economía implica reconocer que el poder ya no se ejerce únicamente desde estructuras visibles. Se desplaza hacia quienes diseñan infraestructuras digitales, controlan flujos de información y establecen las reglas implícitas de los sistemas que utilizamos a diario. Este poder no siempre se impone; opera a través de interfaces, incentivos y arquitecturas que moldean comportamientos sin necesidad de coerción directa.


Desde esta perspectiva, la tecnología no elimina las jerarquías, las vuelve más complejas. El acceso generalizado a herramientas digitales convive con una creciente asimetría en la capacidad de comprender cómo funcionan esos sistemas. Quien logra interpretar sus lógicas internas amplía su margen de decisión. Quien solo las utiliza, se adapta a ellas sin cuestionarlas.


La inteligencia artificial intensifica esta dinámica. Al automatizar procesos de análisis, recomendación y decisión, puede amplificar desigualdades existentes cuando se adopta sin reflexión. Pero también puede convertirse en una herramienta de ampliación del criterio cuando se utiliza para explorar escenarios, contrastar perspectivas y comprender contextos complejos. La diferencia no está en la tecnología, sino en la relación que se establece con ella.


Aquí el pensamiento crítico adquiere una dimensión económica y política. No se trata de rechazar la tecnología, sino de entender sus efectos, sus límites y los intereses que la atraviesan. Preguntarse quién diseña un sistema, qué comportamientos incentiva y a quién beneficia se vuelve una habilidad central en un entorno donde muchas decisiones parecen automáticas.


La creatividad cumple un papel complementario. No como inspiración abstracta, sino como capacidad de imaginar usos alternativos, cuestionar aplicaciones evidentes y proponer modelos distintos. En contextos altamente estructurados, la creatividad aplicada permite recuperar agencia y abrir espacios de valor que no estaban previstos por el sistema original.


Desde este ángulo, el valor ya no se genera solo produciendo más o más rápido, sino decidiendo mejor. La eficiencia sin criterio puede derivar en dependencia; la automatización sin conciencia puede reforzar concentraciones de poder difíciles de revertir. Comprender esta tensión es parte de la alfabetización económica contemporánea.


La nueva riqueza no puede separarse de esta discusión. No se trata únicamente de ingresos o crecimiento, sino de la capacidad de participar de manera consciente en los sistemas que producen valor. En la nueva economía, quienes desarrollan criterio frente a la tecnología no solo se adaptan al cambio: conservan la posibilidad de influir en él.


Perspectivas Uno a Uno. Análisis y conversaciones para comprender los cambios de nuestro tiempo.

 
 
 

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