Del conocimiento al criterio como desafío de la nueva economía
- Yvonne Franco

- hace 3 horas
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Históricamente se ha entendido el conocimiento como una acumulación de información y credenciales. Estudiar, especializarse y certificarse eran rutas claras hacia el progreso profesional y económico. Ese modelo funcionó en un contexto donde el cambio era gradual y las reglas del juego permanecían estables durante largos periodos. Hoy, ese supuesto se ha debilitado de manera significativa.
Transitar del conocimiento al criterio como desafío de la nueva economía no implica restar valor a la formación, sino reconocer que ya no opera de la misma manera. El acceso masivo a la información ha reducido la escasez del conocimiento en sí mismo. Lo que se ha vuelto escaso es la capacidad de interpretarlo, relacionarlo y utilizarlo con sentido en contextos complejos y cambiantes.
Este desplazamiento se vuelve evidente cuando observamos trayectorias aparentemente similares que producen resultados muy distintos. Personas con niveles comparables de estudios, experiencia o acceso a recursos avanzan a velocidades diferentes. La diferencia no suele estar en lo que saben, sino en cómo piensan con eso que saben. El criterio actúa como un filtro que transforma información en decisión y decisión en valor.
En este escenario, el sistema educativo tradicional revela sus límites. Diseñado para transmitir contenidos relativamente estables y evaluar respuestas correctas, enfrenta dificultades para preparar a individuos que deberán moverse en entornos donde las preguntas cambian constantemente. La economía actual no premia tanto la respuesta memorizada como la capacidad de formular preguntas pertinentes y de navegar la incertidumbre con juicio propio.
Aquí entran en juego habilidades que durante mucho tiempo fueron consideradas secundarias. Pensamiento crítico, creatividad aplicada, aprendizaje autónomo y comprensión de sistemas complejos se convierten en competencias centrales. No sustituyen el conocimiento técnico, pero lo vuelven operativo. Sin ellas, incluso la formación más sólida corre el riesgo de volverse obsoleta con rapidez.
La inteligencia artificial acelera esta transición. Al ofrecer respuestas inmediatas y procesar grandes volúmenes de información, pone a prueba la calidad de las preguntas que formulamos. Quien llega con un marco conceptual claro obtiene mejores resultados. Quien delega el pensamiento recibe información fragmentada que rara vez se convierte en conocimiento útil. La herramienta amplifica el nivel de criterio con el que se la utiliza.
En este punto, el aprendizaje deja de ser un proceso lineal y se convierte en una práctica continua. Ya no se trata de acumular saberes, sino de entrenar la capacidad de observar, contrastar y decidir. El criterio no se certifica, se construye en la experiencia, en el error y en la reflexión sostenida sobre el propio entorno.
La nueva riqueza se apoya cada vez más en esta capacidad. En un mundo donde la información es abundante, el valor surge de saber qué hacer con ella. El verdadero diferencial no está en saber más, sino en pensar mejor. Comprender este cambio es clave para individuos y organizaciones que buscan mantenerse relevantes en una economía donde el conocimiento ya no garantiza progreso por sí solo.
Perspectivas Uno a Uno. Análisis y conversaciones para comprender los cambios de nuestro tiempo.



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